Akiqake

Vivía cerca de uno de los bosques más densos del territorio, de árboles antiguos con gruesos troncos y ramas caídas. Su pueblo nunca los talaba porque sabía que eran el refugio de miles de animales que a su vez alimentaban a otros, y la subsistencia dependía de mantener el equilibrio. Por eso el estilo de vida que por siglos promulgaban de generación en generación consistía en mantener la armonía en la tierra. Sus creencias eran tan importantes en sus vidas que las divulgaban a cualquier sitio que visitaban. Con el tiempo se hicieron llamar los guardianes del Bosque y podían alimentarse de la energía que fluía de la naturaleza, así como comunicarse con los animales que vivían en la arboleda.

Cada año tenía lugar una celebración para fortalecer el lazo con Xué el dios que cuidaba los árboles y los animales. El pueblo adornaba con luces y cintas de colores las ramas grandes y pequeñas, creando una barrera multicolor en uno de los claros más amplios de toda la arboleda. La fiesta era una de las más importantes porque los chicos y chicas que cumplían quince años descubrirían cuál era el animal sagrado que junto con sus dones, el dios le asignaría para el resto de sus vidas. Al final cuando la muerte los visitaba, devolvían aquel regalo al mundo y el ciclo se repetiría indefinidamente.

Suk estaba emocionado por saber cuál sería el suyo. La ansiedad por conocerlo no lo había dejado dormir bien, ni comer con el mismo apetito de siempre. Esa mañana salió apresuradamente del bohío para encontrarse con Atik su compañero de aventuras, mientras escuchaba a su madre que le recordaba que debía estar puntual para la ceremonia, la cual comenzaría al finalizar la tarde.

– Ahí estaré – le contestó y le apuntó con sus dos manos al mismo tiempo mientras las movía para indicarle que era evidente que no se le olvidaría.

Lo encontró probándose todos los pantalones que tenía, que por cierto solo eran tres, pero era gracioso verlo como se colocaba uno e inmediatamente se lo quitaba para luego colocarse el otro y así sucesivamente, como si aquello influyera en la decisión que Xué tendría sobre el animal que recibiría. No se trataba de la forma cómo vestías, los ancianos decían que el dios se sumergía en el interior de sus almas para conocer lo que había oculto en sus corazones y de esa forma darles el mejor don que pudieran desarrollar a lo largo de sus vidas.

Suk lo esperó, era un chico de corazón noble siempre dispuesto a ayudar a los demás. Paciente y en todo momento reflejaba una sonrisa en su rostro.

– Creo que ya estoy listo – sentenció su amigo.

– Ya era hora – se quejó Suk. – Vamos o llegaremos tarde.

– ¿Cuál crees que nos tocará? – le preguntaba Atik mientras apresuraban el paso y se internaban en el bosque.

– Espero que sea un oso, quiero tener su fuerza … ¿y tú?

– No estoy seguro, cualquiera es igual de bueno ¿no te parece?

– No … esto importante Atik, con el vivirás hasta que envejezcas.

– Pero igual, no vale la pena pensar en eso porque Xué es el que escoge – rezongó.

La mayoría de las personas ya estaban reunidas en pequeños grupos. Los sacerdotes también se encontraban y al verlos llegar les hicieron señas para que los acompañaran, ya casi estaban todos los quinceañeros reunidos. Lucían sus mejores ropas y se veía la emoción en sus rostros.

Suk respiró profundo porque estaba nervioso y cuando se disponía a reunirse con los demás una pequeña mano lo detuvo y giró en redondo, ya sabía de quiénes se trataba.

– ¿Nos contarás todo lo que pase en la ceremonia? – le dijo la pequeña Illay a su hermano mayor.

– Si, por favor, por favor, por favor – imploró Lex.

Eran mellizos, su hermana era mucho más alta que él y ambos idolatraban a Suk.

– ¿Dónde está mamá?

Los pequeños la señalaron y su madre sonrió. Se veía orgullosa por lo que estaba sucediendo.

– Prométenos que nos dirás lo que sucedió – le dijo entusiasmada la niña.

– Si digo que si ¿me dejarán en paz?

Los hermanos asintieron con fuerza.

– Bien, entonces les describiré todo, pero ahora tengo que irme … me están esperando.

Los sacerdotes dieron el discurso propio de la ceremonia y luego invitó a los jóvenes a que los acompañaran. El ritual era en un lugar sagrado y solo en presencia de los chicos, los padres y demás acompañantes debían esperarlos en el claro.

Caminaron hasta la cima de la montaña y la temperatura comenzó a bajar. Estaban tan alto que se desplazaban entre las nubes sin casi poder ver a más de dos metros de distancia. Se guiaban por la voz del sacerdote mayor que hablaba casi gritando para que el grupo de chicos lo siguieran. Tenían que llegar hasta los nacimientos de agua cerca de la laguna. Cuando el líder dio la orden, cada uno se internó entre la niebla para buscar uno de donde debía beber. Luego llevar un poco hasta la laguna y depositarla. Durante la travesía, mantenían un pequeño fuego encendido para que Xué pudiera ver sus almas mortales. Solo en ese momento, la presencia del animal asignado sería percibido en el espíritu del joven.

Miles de pequeñas luces deambulaban a través de la montaña como luciérnagas que revoloteaban entre una bruma blanca y densa. El sacerdote aguardaba y poco a poco empezaron a llegar los jóvenes sonrientes con su nueva virtud.

– Me tocó el oso – se escuchó al primero que llegó.

– El mío es una rana – dijo una chica con sus ojos brillando de alegría.

En la medida que aparecían entre las nubes, retomaban inmediatamente su regreso al claro del bosque en compañía de sus familiares y amigos.

Atik apareció a los quince minutos emocionado buscando a su amigo para contarle que le había tocado el jaguar. No lo podía creer, simplemente era fabuloso. En vista de que no lo vio, se quedó esperándolo, pero uno de los sacerdotes le pidió que se retirara. Media hora después, casi todos habían regresado, solo faltaba Suk. En algunos casos, el dios Xué se demoraba un poco más de lo normal en decidir, pero era inusual tanto retraso.

Su mamá llegó corriendo y antes de que la recriminaran por incumplir las normas, habló rápidamente para tratar de explicarse.

– No están – dijo sin poder respirar y con las manos cruzadas en su pecho. Se arrodilló desesperada. Lloraba y los sacerdotes después de un tiempo lograron calmarla y poder entender lo que decía. – Han desaparecido … se fueron buscando a su hermano.

______

 

 

Suk estaba en la laguna, había subido y bajado dos veces más repitiendo el procedimiento que le habían explicado, pero no sentía nada y comenzó a temer que el dios no le fuera a conceder ningún animal sagrado. Solo una vez en toda la historia del pueblo del Bosque había ocurrido que Xué no había dado su regalo a un chico. Los sacerdotes contaban que había sido porque su corazón era egoísta y mentiroso, pero él no era nada de eso. Le preocupaba lo que diría su madre, esa mañana estaba orgullosa.

¿Qué le diré ahora? pensó y apretó la boca.

– ¡SUK! – escuchó que gritaban su nombre y volvió a la realidad. – ¡SUK! – la voz lloraba y sonaba desesperada.

Se levantó y empezó a buscar entre la bruma que no le permitía ver absolutamente nada.

– ¿Quién me llama? – dijo con voz gruesa.

– ¡SUK VEN!

Esta vez la reconoció y sintió el vacío en su estómago.

– ¿Dónde estás Illay?

– AQUÍ.

Giró en redondo por su lado derecho y se quedó a observar un momento mientras sostenía con fuerza la lámpara de aceite para que alumbrara entre la bruma.

– ¿Ves la luz?

– SI … VEN RÁPIDO – dijo la pequeña y rompió en llanto.

Suk no esperó más y comenzó a caminar a ciegas siguiéndose más por el instinto que por su vista. La llamaba constantemente y corregía sus pasos para llegar hasta donde se encontraba su hermanita. Después de unos minutos interminables, la encontró en el borde de la laguna. Estaba mojada completamente y temblaba por culpa del frío.

– ¿Qué estás haciendo aquí? – le susurró mientras la abrazaba.

– Te buscábamos y Lex cayó al agua – murmuró débilmente.

Los ojos de Suk se abrieron de par en par y miró con detalle la superficie de la laguna entre la bruma. Lo detectó rápidamente y mientras se quitaba la blusa le hablaba a su hermana con la voz temblorosa por el miedo que estaba sintiendo.

– ¿Sabes cómo devolverte?

La pequeña asintió entre sollozos.

–Toma la lámpara y regresa … diles dónde estoy y que vengan rápido.

Illay salió corriendo mientras él se introducía a las frías aguas de la laguna. Nadó con fuerza y en la medida en que avanzaba, veía con mayor claridad al pequeño. Estaba abrazando a una roca con fuerza y tenía los ojos cerrados.

– Lex soy yo – dijo con voz serena para no asustarlo más de lo que ya estaba. – Suéltate y avanza hasta donde yo estoy.

– No puedo – gimió. – La corriente me lleva.

– Si puedes, vamos, ven acá.

El chico lo miró y cerró su boca antes de soltarse, pero el movimiento del agua comenzó a alejarlo de sus brazos. El pequeño gritó con desespero, así que Suk nadó con más ímpetu para poder tomarlo y lo logró. Se mantuvo a flote utilizando sus piernas y evitando que los remolinos del fondo lo tiraban hacia abajo. No supo cuánto tiempo pasó, pero al final salió con su hermanito de la laguna. Lo abrazó y le hablaba para que no se durmiera, lo cubría con su cuerpo para que se mantuviera caliente mientras esperaban a los demás, pero los minutos pasaban y nadie aparecía.

Él comenzaba a ceder y sus ojos se cerraban poco a poco, fue cuando vio una intensa llama que aparecía entre la neblina. Pensó en la lámpara que le había dado a Illay y sonrió porque los habían encontrado, pero la luz creció y parecía acercarse a toda velocidad hacia él, como cuando ves un cometa desde el cielo.

De pronto, lo golpeó en el pecho. La sensación de calor lo cubrió completamente y al abrir los ojos vio como su hermano se alumbraba a causa de él. Brillaba y ahora ninguno de los dos sentía frío. Acarició el pelo de Lex que dormía con una sonrisa y fue en ese momento que sintió a Xué.

“Un dragón” pensó “¿Un dragón? … ¡Soy un dragón!” exclamó lleno de gozo y sus temores desaparecieron. Xué le hablaba y sabía que con ese poderoso don siempre protegería al que lo necesitara, porque no había ningún animal sagrado más grande que ese.

Acunó a su hermano entre sus brazos y bajó brillando la pendiente que separa la laguna de los llantos de su madre.

_____

 

Después de aquel día, Suk vivió más como dragón que como hombre, siendo un fiel sirviente de Xué, de corazón noble y protector acérrimo del bosque. Cuando llegó la hora de devolver aquel don al mundo para mantener la armonía de la tierra, el dios no se lo permitió y en cambio lo convirtió en Akyqake, el Dragón del Bosque.

La próxima vez que vayas a un bosque, cierra tus ojos y si prestas atención, escucharás el aleteo de un dragón en la copa de los árboles más ancianos y si levanta la mirada, podrás ver su brillo escurriéndose entre las ramas.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2020. Fernanda Maradei

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