Corazón de Dragón

Por fin había encontrado lo que estaba buscando. Agudizó sus ojos para detectar el punto exacto en dónde debía aterrizar y batió sus alas con fuerza para no perder el impulso que llevaba. Mientras su cuerpo obedecía ciegamente, su corazón se retorcía en el interior quitándole por momentos, hasta el aliento.

“Es peligroso” se dijo, y le ordenó a sus músculos que se detuvieran, pero estos seguían sordos a su clamado y prosiguió el descenso vertiginoso hacia el interior del bosque.

“Pueden atraparte ¿No te das cuenta?” pensó, pero el sonido era tan melodioso que en lugar de retroceder se encontró respirando profundo. Necesitaba oler a la mujer que con cuernos de venado lo atraía irremediablemente.

Pudo sentir que estaba enferma. Así que armándose de toda la voluntad que aún le quedaba se apresuró a alejarse de allí, pero ella giró en redondo.

No estaba sorprendida y eso lo asustó aún más.

“Me va a capturar. Ahora sí que la hiciste Tristán”  se recriminó. Esperó lo peor conteniendo su aliento.

La joven descendió del tronco y mientras tocaba la frente del dragón, este movía sus pupilas tratando de seguirla, pero sin conseguirlo plenamente.

– Te estaba esperando – su voz era tan dulce que lo embriagó. No tenía oportunidad, estaba a su merced.

Una luz lo cubrió por completo y los temores desaparecieron. Por primera vez su alma estaba completa. Su corazón se relajó sin oponer resistencia, dejando que se fundiera sin remordimiento al de ella.

El rostro demacrado de la joven cambió. Ahora parecía iluminarse y sonrió.

– Gracias, me has salvado la vida – le dijo y Tristán recordó las viejas leyendas donde dragones y humanos compartían algo más que su fuerza en la batalla, y por primera vez en años, su sonrisa, fue sincera.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2021. Fernanda Maradei

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