El cuervo alado

Mientras las flechas con puntas de llama negra descendía a toda velocidad, los gritos ahogados de los heridos inundaban el valle. Una criatura transformada a punta de azotes se hundía en sus recuerdos.

Mantenía en su poder una daga larga que por suerte había recuperado. Jugaba con ella sumergido en sus cavilaciones.

Se sentó en el risco. Había decidido huir de aquella locura en la que permaneció sumido los últimos años. Se había convertido en un monstruo y ya no quería serlo. Las cadenas que lo mantenían atado y que cercenaban su tobillo al menor intento de escapatoria, no se comparaban con el dolor de ver morir a su hermana. No había hecho nada para evitarlo.

Por mucho tiempo, la Sombra lo hizo olvidar quién era y se perdió en el camino, pero ahora había despertado.

Observó el grillete que aprisionaba su pie. La sangre lo teñía de negro por completo, pero ya faltaba poco. Alguien gritó su nombre y sus ojos se movieron para ver la figura de su verdugo que se acercaba. Apretó los dientes y sin darle más tiempo a lo que tenía que ser, cortó de un tajo su atadura con el mundo de oscuridad que lo envolvía.

Texto protegido por derechos de autor.  F. Maradei

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