El Espectro Azul

La tormenta había acabado y la cacería había sido excelente. Nayarak ajustaba su equipo para partir. Aunque ella no tenía más de 17 años, era una de las pocas que realizaba esa actividad, aunque fuera imprescindible para todos. El problema era que se requería de mucha pericia para atrapar los rayos cuando caían, además la destreza para moverse debía haber sido adquirida antes de la muerte, así que sin ese conocimiento era una tarea imposible. Por eso muchos de los cazadores de rayos habían sido guerreros.

Llevaban un estilo de vida solitario. Los espectros no pensaban en el futuro, la vida era tan monótona y eterna que no valía la pena pensar en ello. De vez en cuando se reunían, pero era solo para realizar trueques.

Uno de los lugares predilectos era el Bosque Azur. Allí era donde se dirigiría ahora que la lluvia había cesado, tenía suficientes rayos y solo faltaba intercambiarlos por un manto de protección. Los espectros como ella debían mantener los destellos azules de su cuerpo, de lo contrario comenzaban a ser absorbidos por la penumbra.

Sin embargo, no siempre llovía en las tierras del Sur. La temporada llegaba cada tres o cuatro meses, y durante el tiempo de sequía debían protegerse. Mantenerse cerca de los árboles sagrados era una alternativa, la energía pura que transportaban eran paliativos mientras no pudieran consumir directamente la de un rayo. Si se debilitaban demasiado no podían hacer nada y simplemente se desvanecían. Nayarak lo había visto muchas veces y últimamente los desvanecimientos habían aumentado. Por eso las reuniones comerciales ahora se hacían en los bosques que tuvieran un árbol sagrado, como el Bosque Azur que además estaba lleno de pequeños riachuelos naturales, excelentes conductores de energía.

– Se le queda algo señorita.

La voz de una mujer la hizo detenerse y giró para mirar. Aún conservaba aquellos reflejos cuando vivía en el mundo de los mortales. Sonrió por su torpeza y sacudió su cabeza para seguir con su marcha, los vivientes no veían a los espectros, por eso les temían.

– Hay un bolso en el piso y creo que es suyo – insistió la mujer.

Alzó su ceja y detalló su rostro arrugado porque no podía ser cierto.

– ¿Está hablando conmigo? – preguntó con perplejidad.

– Si … ¿Con quién más? Solo estamos usted y yo.

Era cierto, se encontraban al lado de uno de los bohíos a las afueras del pueblo. Las personas transitaban y seguían de largo. Solo ellas dos se encontraban allí.

– ¿Puede verme?

– No, claro que no, mis ojitos ya no funcionan como antes – era alta y delgada, debía tener unos 60 años.

Fue cuando Nayarak se dio cuenta que un manto opaco de color blanco cubría la cornea de la mujer, pero entonces, ¿cómo era aquello posible? Era la primera vez que le pasaba algo así con un mortal.

– Siento mucha energía en ti – le dijo inocentemente la mujer.

– No se imagina – sonreía y después de tomar el morral y echárselo a los hombros, se alejó dos pasos. Debía llegar al Bosque Azur.

– ¿Sabías que la Sombra ha vuelto?

¿Cómo lograba esa mujer sentirla y aun más escucharla? Eso era nuevo para ella.

– Dicen que la parte que se mantenía oculta en las cuevas. Al este del Bosque Dorado se ha liberado – continuó la vieja – y ahora la Sombra está volviendo a reclutar.

Los recuerdos de su muerte se amontonaron pidiendo a gritos que los dejara salir de su memoria. Ella con el tiempo los había guardado bajo llave, no valía la pena conservarlos cuando su vida había cambiado completamente. Pero al escuchar aquella palabra, el temor la invadió porque su vida fue muy corta por culpa de ella.

Por mucho tiempo, las tierras del Sur se habían sumergido en la guerra, pequeños grupos atacaban los pueblos y secuestraban a los jóvenes. Luego eran alistados para engrosar las filas de la Estirpe Oscura, un ejército gobernado por los Beltza de las tierras del Norte; humanos controlados completamente por la Sombra. Nayarak había sido parte de ese ejército, había muerto en él, y por nada del mundo quería retornar.

– ¿Está segura de que ha regresado? – su voz sonaba ansiosa. La mujer había logrado desestabilizarla e inclusive miraba a su alrededor por si había algún peligro.

– La he sentido. Aunque, las emociones que me producen son diferentes a la primera vez.

– ¿Qué quiere decir?

– Ha cambiado. Tal vez ni siquiera es la misma. Está débil y ya no puede hacer lo mismo que antes. Sabe que al ser derrotada perdió las tierras del Norte y para completar los dragones con su energía pura han vuelto, y circulan por todos lados. No la dejan moverse a sus anchas y por eso está buscando a sus antiguos guerreros.

Pasó saliva, había estado el tiempo suficiente en la Estirpe Oscura para saber que no importaba si los guerreros estuvieran vivos o muertos, simplemente la Sombra los quería de regreso. Entonces comprendió por qué los desvanecimientos habían crecido.

Necesitaba ir al Bosque Azur lo antes posible, con los rayos que tenía guardados en los cuernos podría hacerse de un manto de protección. Aunque eran escasos y su precio había subido mucho en los últimos años, ella había cazado lo suficiente para un buen trueque. Se giró en redondo para emprender su camino.

– ¿Te vas sin despedirte? – dijo la vieja y cuando Nayarak quiso responderle la expresión del rostro de la mujer cambió. Sus ojos se tornaron negros y sonreía con malicia.

“¿Cómo puedo ser tan ingenua?” pensó y retrocedió para tratar de huir. Tenía el cuerpo, la actitud y el tono de voz de un Beltza. Después de tanto tiempo era imperdonable que no se hubiera dado cuenta y la hubiera confundido con una simple mortal.

“Los mortales no ven a los espectros” se recriminó.

La bruma oscura que poseía el cuerpo del Beltza la atacó enredándose en su tobillo. La tumbó al suelo y comenzó a arrastrarla como si fuera un costal de heno.

– ¿A dónde crees que vas? – se movía con agilidad para tener el cuerpo de una vieja.

Nayarak con manos temblorosas por la impotencia que sentía, tomó uno de los cuernos con los rayos que acababa de capturar y lo abrió. La energía contenida no dudo en desocupar el interior de su prisión, atacando por la espalda al Beltza que cayó de bruces en el suelo. El gas denso y oscuro que tenía aprisionado el tobillo de la guerrera en lugar de retraerse, lo apretó con más fuerza.

Las personas que circulaban sobre la vía, miraron con asombro lo que estaba sucediendo. Ante ellos vieron como aparecieron unos destellos de luz que habían atacado a una anciana, tumbándola al suelo. Uno de los hombres que observaba se apresuró a ayudarla, pero cuando vio la bruma oscura que salía del cuerpo retrocedió.

Los ojos negros sin pupilas les confirmó que era una devota de la Sombra. Ahora los campesinos se habían aglomerado frente a lo que parecía el presagio del regreso de una de las pesadillas más temidas en las tierras del Sur.

Nayarak destapó un segundo cuerno con rapidez y lo bebió completamente. Su cuerpo brillaba cuando la energía descendía por su garganta para alimentarla. Era una cazadora de rayos, una de las mejores y no se dejaría vencer sin luchar. La nueva dosis de energía en su cuerpo lesionó a la bruma que le aprisionaba la pierna y cuando sintió que la liberaba, la guerrera atacó como una leona hacia el Beltza expulsándole otra descarga de cien millones de voltios directamente a su pecho.

No tuvo que preparar un cuarto cuerno porque los aldeanos que se encontraron a su alrededor, pasaron por delante de ella y atacaron al Beltza sin piedad. Todos los pueblos del Sur odiaban lo que ellos y la Estirpe Oscura representaban. Fueron muchas décadas en las cuales la guerra fue su pan del día a día y evidentemente no permitirían que aquello regresara.

La guerrera se retiró mientras observaba a la turba arremeter. Habían capturado al Beltza y ahora se alejaban para hacer justicia.

Miró su morral, había perdido tres cuernos, pero aún así tenía suficientes para negociar un buen manto protector, ahora más que antes lo necesitaría. Suspiró porque a lo lejos veía el Bosque Azur, la esperaba junto con otros espectros como ella que habían hecho parte de un ejército que pensaron acabado. El futuro ahora era incierto.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2020. Fernanda Maradei

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2 Comments

  1. Vaslak Rojas Torres el mayo 24, 2021 a las 6:53 pm

    Oh por Dios que imaginación Mafe,… Súper,… Me ha enganchado el nombre,… A mí me gusta mucho el color azul y veo que en algunas de tus historias fantásticas utilizas títulos con colores en ellos y son muy mágicos

    • Fernanda Maradei Fernanda Maradei el mayo 26, 2021 a las 10:49 pm

      Gracias Vaslak, me alegra mucho que pude lograr meterte en uno de mis mundos llenos de fantasía.

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