El Templo de Hram

Cuando llegó todo estaba oscuro, pero sentía que el hada Escarlata estaba allí. Después de tantos años como su aprendiz conocía como funcionaba su retorcida cabecita.  No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero necesitaba impedir que fuera a destruir todo el bosque al intentar apoderarse de la energía que emanaba de los cuatro elementos.

“Concéntrate” pensaba.

Si quería detenerla debía ser más rápida que ella. Adelantarse a cualquier movimiento y tratar de convencerla. Lo que iba a ser, rompería el equilibrio y los pilares que sustentaban el mundo se desmoronarían.

Respiró profundo, estaba lista. Cerró su puño con fuerza sobre el aro de metal que sostenía; su arma favorita y dio un paso al frente.

Jade conocía el templo de memoria, su padre fue consejero especial de la reina Lilia por muchos años y ella creció allí hasta que el hada Escarlata la convenció de irse con ella. Solo le bastó unos meses para darse cuenta de quién era su mentora realmente y qué era lo que buscaba. Cuando trató de regresar con los suyos ya era muy tarde y las hadas la rechazaron, pero no todo estaba perdido y el momento de recuperar su hogar había llegado. Tenía que evitar que robaran la piedra y con aquel acto de valentía, recuperaría su honor y el de toda su familia.

Miró el lugar, la única luz emanaba del Hram; la gema que contenía los cuatro elementos. Jade se encaminó en su dirección mientras observaba las penumbras que la rodeaban.

Una sombra definitivamente conocida se hizo visible y se interpuso entre ella y el Hram. Aunque todo estaba oscuro, podía percibir dos ojos que brillaban con impaciencia y desprecio. Jade había desertado el día de la ceremonia de iniciación. Se había marchado de su “protección divina”, como el hada Escarlata la llamaba y eso nunca se lo perdonaría.

– Una vez más me traicionas – siseó mientras se movía de forma inquieta.

– No permitiré que hagas lo que te propones – respondió con altivez y su antigua tutora no pudo dejar de contener la risa.

– ¿Tu y cuántos más? – se burló.

– Si lo haces sería el peor error de toda tu vida – había súplica en el tono de su voz y el hada Escarlata volvió a sonreír.

Entonces se irguió, no estaba allí para que la tratara como una pequeña, había crecido y después de marcharse de su lado, Jade se había entrenado sola. Era tan ágil y capaz como cualquiera de su pueblo para presentarle batalla.

El ataque fue rápido y con un movimiento de su mano, el hada Escarlata la lanzó lejos a varios metros de distancia. Se incorporó lo más rápido que pudo y lanzó su disco con destreza. La golpeó en uno de sus costados y por primera vez la expresión en el rostro de su antigua tutora cambió. La había tomado por sorpresa y se devolvió apresando con fuerza la daga corta que tenía en su mano para atacarla. Jade se movió con rapidez, pero aún así, el hada Escarlata logró lastimarla en uno de sus hombros y luego con el mismo gesto con el que había iniciado la confrontación, Jade terminó estrellándose en una de las paredes del templo.

Quedó aturdida por varios segundos a causa del impacto. Alzó lentamente la cabeza y miró a su antigua tutora, no se dejaría vencer. Escupió la sangre que se había acumulado en su boca a causa del golpe y se colocó de pie con dificultad.

Intentó correr para detenerla, pero su antigua tutora la cubrió con una barrera que limitaba sus movimientos, y mientras ella luchaba por recorrer el espacio que las separaba con celeridad, el hada Escarlata dibujaba una sonrisa de satisfacción; avanzaba mucho más rápido que ella.

Resoplaba por el esfuerzo que hacía, mientras que el hada Escarlata tomaba el Hram con su mano y lo miraba con soberbia. Alzó la reliquia que brillaba esplendorosamente bajo la luz de la luna.

Jade la observó con impotencia y después de muchos intentos, sintió que la barrera se debilitaba. El hada Escarlata permanecía concentrada utilizando sus artimañas para liberar el poder de los elementos.  Entonces sin pensar mucho en lo que iba hacer, arremetió con fuerza apoderándose del Hram y cayendo precipitadamente sobre los muros del templo. Dio varias vueltas sobre el suelo mientras sentía una sensación extraña que invadía cada parte de su cuerpo, era como un cosquilleo que su piel comenzó a absorber. La sangre que recorría sus venas se llenaron de energía y de un momento a otro su mente contemplaba al mundo de una forma totalmente diferente. Había belleza en cada uno de los rincones del lugar y podía percibir hasta el más minúsculo de los insectos. El poder de la diosa le hablaba.

Los ojos de su tutora se abrieron de par en par al ver cómo la energía que emanaba del Hram, ahora abierto, se elevaba como una estela de humo en espiral. Los colores se entrelazaban entre ellos. Llegaron hasta el techo y luego de súbito, descendieron para vincularse con Jade que, aunque mantenía sus ojos abiertos, yacía aún aturdida por la caída. La nueva energía la levantó del suelo y aprensó con facilidad al hada Escarlata que se mantenía atónita sin poder comprender lo que estaba sucediendo.

– ¡NIÑA ESTÚPIDA ! – gritó con soberbia y se abalanzó sobre ella para arrebatarle el Hram de sus manos.

La joya cayó en el piso, pero estaba vacía, el poder había sido traspasado a un nuevo huésped. En ese momento, las demás hadas entraron al recinto. Apuntaron sus armas hacia una Jade que se encontraba engrandecida por la energía que había recibido.

– Es mío – volvió decir desesperada y lanzó su daga corta que rebotó como una pelota al entrar en contacto con el escudo que envolvía a Jade.

La confrontación parecía no tener tregua, su mentora arremetía una y otra vez por el poder de los cuatro elementos. Los destellos de luz con mil colores rebotaban sobre las paredes haciendo mella en el hada Escarlata, que aún utilizando sus poderes mágicos no conseguía someter a Jade.

La reina Lilia junto con sus guardias, lograron detener la confrontación y retomar el control del templo. El hada Escarlata fue llevada a prisión y Jade, que intentaba explicar lo que había sucedido, no era escuchada.

– Tendrás que devolver el poder que robaste – sentenció la reina en el gran salón.

Jade hacía una reverencia con completa sumisión mientras se mordía los labios y sudaba copiosamente por culpa de los nervios. La diosa le hablaba en susurros y la carga eléctrica que recorría su cuerpo la mantenía ansiosa y en estado de alerta. Si lo quería, podía tener el control de todo lo que deseara, pero al mismo tiempo su mente le negaba esa posibilidad, y mientras se debatía en su interior, siguió hablando. 

– Fue un accidente mi reina – explicaba. – Yo nunca …

– HAZLO AHORA – replicó Lilia haciendo un gesto para que las hadas protectoras del templo se acercaran.

Jade la miró por varios segundos, pero al final asintió con humildad. Se colocó de pie y aguardó. El ritual fue lento y tortuoso. La energía de los cuatro elementos que salía de su cuerpo producía punzadas de dolor que se extendían por toda su piel. Apretó sus dientes y se dejó hacer. 

Al finalizar se desgonzó sobre el suelo, estaba completamente agotada. Las hadas cuidadoras le ayudaron en los días siguientes a recobrar el semblante. Parecía que todo marchaba bien, y aunque sentía que el trato hacia ella aún era hostil, estaba feliz porque había regresado. Estaba en casa nuevamente.

Solo hasta el cuarto día, una de las hadas cercanas a la reina se acercó con un sobre. Jade sonrió y lo tomó con premura, pero su sonrisa se esfumó de inmediato después de leer la misiva.

         Aunque ella había accedido de buena voluntad a devolver el poder de los cuatro elementos que accidentalmente había absorbido del Hram. La reina Lilia había ordenado su expulsión del bosque de Estrellas. Sus ojos se llenaron de lágrimas porque con el destierro, nunca volvería a ver a su hogar.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2021. Fernanda Maradei

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