Kasai El Demonio

Kasai se preparaba para conseguir lo que sería su última entrega. La más importante de todas y con la que obtendría un puesto al lado de Alika, su máximo líder. Sin embargo, había algo que lo hacía dudar. Llevaba toda la tarde oculto en el templo esperando la oportunidad de atacar, pero no se decidía y los segundos corrían a pasos agigantados. Fue el brillo que expedía la joya en la mano de su víctima, lo que terminó por sucumbir cualquier plan que hubiera preparado con antelación. Aún dudando, prefirió replegar sus alas y desaparecer a través de las paredes. Por primera vez, necesitaba pensar.

Maixha lo observó mientras se acercaba caminando. Con solo verlo supo que algo no andaba bien. No era solo que había fallado, cosa que Kasai nunca hacía, también era la forma como se movía. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que tropezaba con todo lo que se atravesaba a su paso.

– Ocúltate – le ordenó – o es que quieres avisarles a todos que estamos acá.

Kasai ni siquiera le respondió y siguió de largo.

>> ¡Hey! ¿qué sucede contigo?

Tuvo que cerrarle el paso para que su compañero se detuviera, aunque aún no había conseguido que lo mirara.

– ¿Hace cuánto que hacemos esto? – preguntó de repente Kasai.

– ¿Importa? – respondió encogiéndose de hombros. No estaban allí para cuestionar sino para obedecer.

Kasai no se detenía y caminaba a grandes zancadas.

>> ¿Qué sucede contigo?

Levantó los ojos. La expresión en su rostro era extraña, diferente. Maixha nunca lo había visto así.

>> Por lo menos lo hiciste ¿Cierto? – necesitaba estar seguro antes de alejarse de la isla.

– Se supone que estaba muerto – respondió.

– ¿De qué estás hablando? – Maixha comenzó a molestarse. No le importaba lo que sucediera con los demás ¿Qué le incumbía a él lo que su compañero estuviera pensando? – Responde a mi pregunta ¿Lograste cumplir la misión?

Kasai no respondió. Su mirada continuaba siendo esquiva y eso exasperó aún más a Maixha. Empuñó con fuerza el sable que colgaba de su cinturón y apretó los dientes. La rabia montaba con rapidez.

– No voy a fracasar por tu culpa. No sé qué rayos te pasa, pero esta noche es decisiva para mí. Después puedes hacer con tu vida lo que te plazca, pero hoy … – sus dientes rechinaban al hablar.

– No voy hacerlo.

– ¡¿Qué?! – le reclamó. – ¿Sabes que no puedo entrar a ese lugar? solo tu mitad humana puede hacerlo.

Kasai se encogió de hombros y trató de seguir avanzando.

– Irás allá y terminarás con el trabajo, sino … – lo amenazó.

– ¿Sino que? – respondió encarándose de frente.

– No puedo entrar a ese templo – se quejó casi gritando. – Y tú … me la debes.

– No te debo nada, ni a ti ni a nadie. Si hay alguna persona en el mundo a la que le debo algo es a él – y señaló la pequeña construcción circular con ventanas rectangulares que se extendían desde la puerta principal hasta la parte posterior.

El templo quedaba en el centro del pueblo y las casas lo rodeaban formando círculos concéntricos que se abrían hasta la pequeña muralla de piedra.

Aquello lo tomó por sorpresa ¿Qué sucedía?

– No sé con quién te encontraste, pero si no hacemos lo que nos ordenaron, hemos perdido todo lo conseguido hasta ahora. Todo tirado a la borda … años de trabajo. Esta vez, Alika no te lo perdonará.

– Dijo que estaba muerto.

Maixha puso los ojos en blanco. Ni siquiera se consideraba su amigo como para sostener ese tipo de conversación. Movió su cabeza con fuerza desaprobando todo aquello.

Hubiera preferido ejecutar la misión limpiamente, pero Kasai no le estaba dejando otra opción. Dio la vuelta para quedar en dirección del templo. No podía entrar, era cierto, pero podía quemar y destruir todo lo que estuviera a su alcance. Era un demonio, uno de los favoritos de la orden y ahora sabrían por qué.

Kasai lo vio alejarse y un extraño sentimiento de terror le invadió las entrañas. La única vez que sintió algo parecido, fue la noche en la que su hogar ardió en llamas y él siendo apenas un crío, quedó huérfano. Alika le ofreció refugio y de un día para otro, pasó a formar parte de la orden. Lamentablemente, Kasai en un afán de pertenecer a ese selecto grupo, tuvo que transformar su cuerpo en la medida en que su alma se perdía.

Las misiones ayudaban a exterminar las pocas trazas de humanidad que aún le quedaba a Kasai. Su líder creía que el poder del mitad humano aumentaría si la eliminaba por completo. Además, lo beneficiaba porque siempre viviría subyugado a él, su creador.

Kasai trató de detenerlo, pero Maixha más alto que él respondió blandiendo su sable e hiriéndolo en el hombro. La sangre negra comenzó a correr por su brazo, entonces retrocedió por un segundo, el tiempo suficiente para tomar su daga y atacar. El ruido del metal al chocarse activó las alarmas del templo y las campanas anunciaron el peligro en el que se encontraban.

En pocos segundos, quedaron rodeados de decenas de guerreros que protegían el lugar sagrado donde se erguía el templo de Exu, el dios de la misericordia y la armonía. Maixha volvió a maldecir a todo pulmón como un animal acorralado. Levantó su sable otra vez, Kasai ahora estaba a su lado y ambos demonios se prepararon para la contienda.

Maixha no esperó y arremetió contra los guerreros que tenían enfrente. Su sable fue detenido con dificultad por un joven de mirada nerviosa, pero la fuerza del demonio era tal que su espada se partió en dos clavándose en el pecho del chico. No hubo tiempo de ver lo que sucedía porque otro guardia lanzó una estocada que tuvo que detener sin contemplaciones. De reojo se percató que un tercero lo atacaba y desplegó sus alas negras para responder con sus extremos puntiagudos. Las dagas de sus extremos apuñalaron la carne tierna de sus atacantes y la sangre salpicó su rostro, se limpió con rapidez para continuar luchando, necesitaba deshacerse de ellos. Giró en redondo eliminando cualquier guerrero que se le cruzara en el camino y fue cuando vio a su víctima a lo lejos; fuera de la seguridad del templo.

“Por fin estás afuera” sonrió.

Kasai seguía combatiendo con varios hombres a la vez cuando el olor a humo llegó a su nariz. El brillo de las brasas se reflejaba en los ojos de sus contrincantes, que temerosos, comenzaron a retroceder por el espectáculo que el demonio estaba realizando. Maixha jugaba con las llamas, las tomaba con sus manos y luego las lanzaban a las viviendas que se extendían a lo largo del valle. Sus ojos poseídos por la oscuridad contrastaban con su sonrisa. De su boca se asomaba una lengua larga que no dejaba de relamerse. Estaba extasiado con lo que era capaz de producir: terror.

El fuego era una de las maniobras más básicas para cualquier demonio y la mayoría las disfrutaban, tanto como un humano ama bañarse debajo de una cascada. El último lanzamiento dio en el blanco y el techo del templo ardió en un minuto. Kasai al ver que Maixha se acercaba a la víctima, se deshizo apresuradamente de los últimos hombres que lo atacaban.

– DETENTE – le gritó y se abalanzó desde los aires sobre él para impedir que hundiera el sable sobre el pecho del hombre que permanecía de pie con expresión seria.

Ambos cayeron dando vueltas sin control. Cuando Maixha intentó levantarse para terminar con el asunto, una lanza larga atravesó su pecho desde atrás; había subestimado al enemigo y el hombre que debía ser su víctima, blandía un arma y lo atacaba con una destreza majestuosa dándole muerte.

“No recordaba que fuera un guerrero” pensó Kasai mientras lo observaba avanzar hacia él haciendo girar la lanza con las dos manos. Lo miró fijamente, sorprendido e incapaz de moverse a sabiendas que podía terminar en el piso igual que Maixha.

El ambiente cargado de humo los envolvió por un momento, fue cuando se percató que todos se habían esfumado. Solo estaban ellos dos y sin querer, dibujó una leve sonrisa. La primera en muchos años, pero la deshizo casi de inmediato cuando sintió el frío del metal dentro de su cuerpo. Extendió sus alas para alejarse de allí, pero un segundo ataque lo derrumbó en el suelo.

– ¿Quién te ha enviado?

– ¡¿Eh?! – masculló, aún no se reponía, todo había sido inesperado. Su corazón latía a mil por hora y eso lo conmocionó aún más, había olvidado que tenía uno.

– ¿Qué buscan en este lugar sagrado?

No se había hecho esa pregunta. No sabía la razón, solo sabía que debía matarlo, esas eran las órdenes. Aunque ahora intuía por qué Alika lo había enviado allí.

 “Es tu último trabajo hijo mío” había dicho y Kasai apretó los labios al recordarlo.

El hombre aferraba el arma contra su pecho y él la sentía a la altura de su corazón.

– Dímelo o te haré sufrir hasta que hables – le espetó con soberbia.

 Pero Kasai no podía dejar de mirarlo. Los recuerdos comenzaron a llegar a borbotones y una lágrima descendió por su mejilla.

El hombre abrió sus ojos sorprendido y por un segundo, dejó de presionar la daga en el pecho del demonio. Era la primera vez que alguien veía a uno de su especie llorar. Los valientes que se habían acercado a mirar, comenzaron a murmurar sin control. Todos sabían que los demonios no tenían sentimientos.

– Pensé … pensé que habías muerto – susurró.

– ¿Qué truco es este? – respondió el hombre con su expresión seria y volvió a hundir la daga, lo que hizo que Kasai gimiera.

– Me perdí – siguió hablando. – Ahora entiendo que mi alma perdió el rumbo.

El hombre había clavado sus ojos en él, pero por el brillo que expedían, Kasai supo que no lo distinguía. ¿Había cambiado tanto? preguntó a su pesar y tuvo que responderse afirmativamente. Entonces, sintió vergüenza por lo que era y pensó en esfumarse y así desaparecer utilizando el suelo como escudo.

Alika le había dado un hogar aunque había sido el verdugo de sus padres, pero él era muy pequeño en ese entonces y sin tener algo a qué aferrarse, buscó una familia.  Nunca la encontró, pero con el tiempo pensó que al menos su vida tenía un propósito … hasta ahora.

>> Lo siento mucho, papá – dijo y el hombre quedó de una sola pieza, estático con sus ojos perdidos buscando algo que no podía ver, un hijo que ya no existía y aferró aún más la daga que sostenía en sus manos.

Y de repente, Kasai, se esfumó.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2021. Fernanda Maradei

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2 Comments

  1. Victoria el julio 8, 2021 a las 10:21 pm

    Vose me querés matar? Que paso con lo demás? Exijo lo faltante

    • Fernanda Maradei el julio 8, 2021 a las 10:30 pm

      Hola Victoria, si lo sé, tengo que escribir la parte 2. No te preocupes pronto saldrá.

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