La Corona del Rey

Una figura lánguida y blancuzca descendía del puente. La neblina del ambiente era tan espesa que era imposible detallarla. Portaba un objeto tan brillante como el sol y, mientras descendía, la mujer sonreía.

–¿Quién eres? –preguntó temblando al no reconocerla. Aunque, se había percatado que en sus manos llevaba su corona.

–¡Bienvenido!

El solo vibrar de sus palabras lo estremeció por completo. Retrocedió temeroso, y la mujer le dio alcance tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar.

–Por fin has despertado querido… No te vayas aún –suplicó.

En ese instante, su alrededor se evaporó como el humo de una vela y en su lugar, vio un tazón con frutas que la mujer cargaba. Lo colocó con cuidado en una mesa junto a él y luego acarició sus manos.

–¿Qué sucede?¿Dónde están mis soldados? La batalla aún no ha acabado… Me necesitan –miraba con desconcierto a su alrededor.

–Su locura lo hace delirar –masculló un anciano que no había visto.

La mujer comenzó a sollozar.

–Mis hombres… –balbuceó–. Debo regresar… La guerra… –entornó sus ojos suplicantes hacia el viejo.

La mujer murmuraba un nombre que él había olvidado años atrás. ¿Qué él supiera? Esa persona ya no existía. Ella se echó a llorar sin control.

–Debo regresar –murmuró con sus ojos clavados en el curandero. Retiró sus manos para que ella no lo acariciara más.

Este asintió con una pequeña sonrisa en sus labios. Al rato, le permitió beber del brebaje que lo devolvería a su verdadero mundo.

Protegido por derechos de autor.  F. Maradei 2021

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