La Fuente Dorada

Planeaba sobre el mar Njord. Había descendido tanto que sus patas acariciaban el agua creando una estela de color blanco al pasar. Era la primera vez en quinientos años de vida que estaba solo. Los dragones eran fieles a las alianzas que tenían con la Estirpe Draco e inclusive, estas se transmitían de generación en generación. Por eso, sin Niku, se sentía perdido. Al buscarlo sin éxito en Isla Dragón, decidió retirarse y dirigirse más allá de los acantilados en las tierras que ellos llamaban El Aliento de Fuego; tierras vírgenes que les habían pertenecido desde los tiempos del Gran Dragón Azul.

– Brrrgh – el estómago había sonado tan alto que lo despertó de sus cavilaciones.

Observó a través del agua y no tardó en encontrar un cardumen de peces. Subió agitando sus alas con fuerza y cuando consideró que la altura era la apropiada, se giró para dejarse caer al vacío. El viento se introducía con fuerza a través de sus escamas forzándolo a ceder, pero él replegaba aún más sus extremidades para mantener su cuerpo lo más retraído posible. La velocidad aumentaba y con ella, la sensación de vértigo. La percepción de libertad y poder que era inexplicable. Solo cuando sintió el olor a mar se permitió abrir sus fauces y entró al agua en picada. La pesca había sido perfecta.

Estaba recostado lamiéndose las patas sobre una de las rocas altas que limitaban con el mar, cuando sintió que lo llamaban y miró al horizonte pensativo.  “El llamado” no podía venir de Niku porque sabía que estaba preso bajo tierra. Bajo esas profundidades un dragón no podía sentir a su compañero. Las prisiones de la Estirpe Draco estaban diseñadas para que un guerrero no pudiera utilizar la energía que fluía de sus cuerpos y comunicarse con su dragón.

“¿Será alguien de su linaje?” pensó Ryu, era la única explicación posible.

Cerró los ojos para captar mejor las sensaciones ¿Cómo era posible que no lo hubiera detectado antes? Además, siempre estaba con Niku en Isla Dragón, eran casi inseparables ¿Cómo no le contó que tenía más familiares y que él no era el único que quedaba?

Ese último pensamiento lo molestó tanto que una estela de humo salió de su nariz. Movió con fuerza la cabeza para alejar los pensamientos y comenzar a notar el llamado en su corazón. La energía que fluía de aquel ser era intensa y sin perturbaciones; no había odios, ni rencores, pero tampoco ambiciones, solo una inmensa alegría mezclada con temor y eso lo desconcertó. Estaba tan acostumbrado a sentir la de Niku que había olvidado que no todas eran iguales, y esta, evidentemente no se parecía a la de su compañero de aventuras.

Hizo un barrido rápido con su vista para localizar la fuente del llamado. Comenzó por el Bosque Dorado y terminó en los árboles que estaban después de los riscos. Estaba dándose por vencido, cuando a último momento lo percibió y rugió con satisfacción.

“Allí estás” pensó.

Los dragones solo se hacían visibles con los Draco debido a la alianza que mantenían, así que se ocultaban de los demás pueblos de las tierras del Sur. Desde que la Estirpe Draco abandonó el territorio, los dragones también lo hicieron. La guerra que sostenía la Estirpe Dorada con las tierras Norte, a ellos no les gustaba y menos que la bruma oscura que el Gran Dragón Azul ya había logrado desaparecer, hubiera vuelto para infectar los bosques con su inmundicia.

Miró en dirección del llamado y pensaba.

“¿Por qué un guerrero Draco estaba en esas tierras que ya no les pertenecían?”

Un mal presentimiento le recorrió hasta la última escama de su cuerpo, y se encaminó con cautela en la dirección que su corazón le indicaba.

Llevaba más de dos horas de vuelo, pero en la medida en que avanzaba sentía que el llamado venía de más lejos. Así que continuaba bajando hacia el sur, hacia los límites con el Mar Central.

El trayecto le tomó dos días. La señal con el pasar de las horas crecía y se convenció de que el Draco que la emitía debía ser un poderoso guerrero.

“¿Cómo era posible que no lo hubiera sentido antes? Y ¿Por qué Niku nunca se lo había dicho?” Aquellas preguntas se las repetía sin cesar y cada vez que las recordaba, lo enfurecían. Enrolló su cola a modo de protesta para tratar de dormir. Mañana continuaría bajando y esperaba que al medio día pudiera divisar los pueblos costeros al lado del Mar Central.

El número de personas aumentó al acercarse a Fanar, el primer pueblo que divisó y donde el llamado era más fuerte, así que se encaminó en dirección del bosque Aqua para ocultarse. Para su satisfacción el lugar estaba vacío y se metió entre la vegetación.

Para ser un dragón, Ryu era discreto, además tenía la ventaja de que los árboles que crecían en la arboleda eran robustos con ramas que caían por su peso, llenos de hojas de gran tamaño que cubrían casi totalmente su piel de escamas de color naranja. También había un río ancho de aguas tranquilas y cálidas que lo bordeaba y en el fondo se podía divisar a uno de los diez árboles sagrados de las tierras del Sur. Lo contempló por un momento porque la energía que fluía de él era la misma que viajaba por sus venas.

Agachó su trompa para seguir el rastro. La sensación que le producía la energía era tan fuerte que por momentos lo nublaba. Sin embargo, no era mala, al contrario, se sentía dulcemente atraído por la pureza que la contenía. Eso lo llenó más de curiosidad, porque en sus quinientos años de vida, y desde que se había unido al linaje de Niku y sus ancestros, nunca había sentido algo así.

Un brillo en el fondo le llamó la atención y se apresuró para mirar de qué se trataba. Venía del río. Se había creado una especie de fuente natural bordeada de matorrales repletos de flores y rocas grises que contrastaban con el azul del paisaje. Metió su pata para tocar los hilos dorados que fluían a través del agua. Los peces podían verse con claridad y pasó saliva, tenía hambre, pero primero quería encontrar al guerrero Draco que era capaz de hacer eso.

Se ocultó lo mejor que pudo y se concentró para escuchar todos los sonidos que venían del lugar.

Había una rana que croaba con suavidad y luego un pájaro que descendió en picada sumergiéndose para luego salir agitando sus alas completamente mojado. Un poco más allá escuchó varios grillos y luego el salpicar del agua cuando uno de los peces saltó para comérselos. Había tanta quietud y sin embargo, no encontraba lo que estaba buscando, hasta que alguien le habló.

– ¿!Un miau¡? – dijo una vocecilla y acercó su mano.

La reacción de Ryu fue alejar su cabezota, pero un segundo después la pequeña volvía a tocarlo con curiosidad caminando a través del agua que ya le llegaba a la cintura.

“¡Espera! ¡detente!” le dijo, pero no estaba seguro que pudiera escucharlo en su mente. El cachorro humano era muy pequeño para lograr hacer algo así.

– ¿Pod qué? – la voz de la chiquilla era suave y hablaba a media lengua. Supuso que no podía tener más de cuatro o cinco años.

“Sal del agua, deben estar buscándote” – contestó aún preocupado y miró a su alrededor para saber si había algún adulto que pudiera descubrirlo.

La niña obedeció, y el tono dorado del agua desapareció al salir de ella. Ryu abrió los ojos asombrado y sin percatarse la chiquita ya estaba otra vez cerca de él. Había bordeado la orilla y ahora acercaba su mano para acariciarlo. Confundido por lo que estaba viendo se dejó hacer. La energía fluyó hasta su cerebro con rapidez y sus pupilas se dilataron maravilladas por la pureza que emanaba de ella. La niña debió haber sentido lo mismo porque comenzó a reírse como si le produjera cosquillas.

“¿Dónde están los demás?” le preguntó buscando infructuosamente a un adulto.

La expresión de su rostro cambió y comenzó a morderse el labio atemorizada.

“¿Estás sola?”

Ella negó con la cabeza y miró entre la vegetación con intranquilidad. Había puesto las manos hacia atrás y apretaba los labios. En eso escucharon las voces de un hombre que llamaba con desespero. La pequeña se sobresaltó y retrocedió aterrorizada.

– QORI, PEQUEÑA DEMONIO – los gritos se acercaban – YA VERAS CUANDO TE ENCUENTRE.

“¿Es tu padre?”

La niña estaba tan asustada que no contestaba.

Ryu cavilaba con rapidez. Evidentemente el llamado venía de ella, pero no era una guerrera y por la ropa que llevaba, no podía decirse que era una Draco. Entonces ¿por qué había energía en ella? ¿Por qué podía escuchar a un dragón?

– QORI. NIÑA ¿DÓNDE ESTÁS? – el tono lleno de soberbia era cada vez más audible.

La voz estaba encima de ellos y Ryu se escondió abandonándola. Se maldijo por su cobardía, pero no podía arriesgarse si no estaba seguro. Los dragones no podían mostrarse en las tierras del Sur.

Sus fosas nasales detectaron que el hombre estaba ebrio, era de contextura gruesa y la ropa que llevaba estaba en muy mal estado. Avanzó hacia la niña para cogerla, estaba visiblemente molesto y caminaba entre trompicones a causa de su estado de borrachera.

– ¿Qué sucede contigo? – le recriminó. – Te quiere ver – y la tomó de la mano para jalarla. – ¿¡Estás mojada!? – le dijo.

– Miau – dijo Qori señalando la vegetación.

Lo llamaba, pero Ryu no se decidía.

– ¿Un gato? – gritó el hombre mientras la tiraba para que se moviera. – La paga que recibo por ti no incluye una mascota, así que camina niña.

El dragón pensaba mientras los veía desaparecer en el bosque. La última frase le hizo suponer que no era su padre y que tal vez la había secuestrado. ¿Y si se la robaron a Niku? Pero él hubiera sabido si tenía una hija. Él era su dragón. Negó con la cabeza, no entendía qué sucedía, pero si iba a intervenir debía ser ahora, después sería demasiado tarde.

Se apresuró para cerrarle el paso. Abrió sus alas para elevarse cuando una segunda voz le llegó de improviso y retrocedió.

– Aquí está – dijo el hombre. – Debió haberme esperando a que la llevara. Siempre hace lo mismo, no sé que tiene este lado del bosque que le llama tanto la atención. Pero ya ve, está en perfecto estado.

– Un poco flaca – la que hablaba era una mujer. – En cambio tú engordas cada tanto.

El sujeto soltó una carcajada.

Qori seguía mirando en su dirección y Ryu sentía sus ojos clavados en él. La mujer utilizaba el uniforme propio de los guerreros de la Estirpe Dorada, no había duda en eso. Aparentemente, era quién le pagaba al hombre, pero ¿Por qué?

– Su madre murió – dijo escuetamente la guerrera. – Así que necesito que la desaparezca – Le dio una bolsa de monedas y lo miró fijamente. – ¿Me entiende lo que estoy diciendo?

Para sorpresa del dragón, el hombre pasó saliva y largo la mano para alcanzar el dinero que le ofrecían.

– ¿Lo harás? – inquiero la mujer con voz gruesa.

– Buscaré la forma de hacerlo – dijo pausadamente. – Pero con ella podríamos ganar mucho dinero, mire sus ojos … nadie tiene un tono así en todas las tierras del Sur. Los hombres pagarían por estar con ella.

“¡Sus ojos!” se recriminó Ryu ¿Cómo no lo había notado? solo los Draco tenían ojos color ámbar. Se le revolvió el estómago y abrió sus alas con fuerza para rescatar a la pequeña Qori de las garras de esos maleantes.

El sonido que produjo el roce de su cuerpo con los arbustos que se atravesaban, alertó a la guerrera Dorada y al hombre que ahora miraba con ojos desorbitados la bestia frente a ellos. Ryu no había alcanzado a llegar cuando la mujer atravesó con su espada el pecho del sujeto, quien sin fuerzas, soltaba la mano de la pequeña para caer inerte en el suelo. Con rapidez la guerrera trató de alcanzar con el filo de su espada a Qori, pero la niña se escabulló a través de sus piernas y corrió al abrigo del bosque.

Cuando Ryu logró aterrizar, varios guerreros del bosque Dorado que habían aparecido de repente le impidieron el paso. Vio con impotencia cómo la mujer se internaba a la caza de Qori y expulsó una bocanada de fuego para acabar de una vez por todas con su enemigo, así quedaría libre para rescatar a la niña. Aunque perdió toda la discreción que los dragones habían conservado por años.

“Me castigarán por esto” pensó a su pesar.

Una espada le lastimó uno de los costados, agitó con fuerza su cola golpeando a dos de los guerreros que volaron por lo aires para quedar estrellados en uno de los árboles en llamas. Los otros dos atacaron de frente y Ryu utilizó sus garras para reducirlos y terminar con ellos.

El peligro había cesado … por ahora. Las personas del pueblo comenzaron a llegar. Venían corriendo desde Fanar, desesperadas al ver su bosque incendiándose y al árbol sagrado en peligro. El dragón retrocedió maldiciendo entre dientes. Necesitaba esconderse, no podían verlo o los demás dragones nunca lo dejarían volver a su hogar.

Tuvo que aguardar tres días dentro de una cueva hasta que las cosas se calmaron y dejó de ver humanos cerca. Fue en ese momento que se permitió salir nuevamente. Durante varias semanas, buscó con desespero el llamado de Qori, pero no lo encontró y temió lo peor. Con tristeza desplegó sus alas y decidió alejarse de allí.

Regresó a su casa en el Aliento de Fuego y el tiempo siguió su camino.

Mientras esperaba que Niku lo volviera a llamar, recordaba a la pequeña niña que pintaba con hilos dorados una de las fuentes naturales del bosque Aqua. La que poseía la energía pura que lo había cautivado. Todos los días lamentaba terriblemente su pérdida. Después de lo que había ocurrido, él había perdido la confianza en los habitantes de los pueblos del Sur.

Años después, una noche mientras cazaba con la escasa luz que le proyectaba el atardecer, su corazón se aceleró inexplicablemente y su mente se nubló. Por poco se estrella con las rocas y tuvo que planear peligrosamente mientras recuperaba el control del vuelo. Se posó sobre el risco y miró al norte en dirección del mar Njord, hacia el lugar donde había sentido el llamado.

“¡Está viva!” exclamó y sus ojos brillaron de alegría.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2020. Fernanda Maradei

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