La Serpiente con Cuernos

Dos pupilas verticales lo miraban mientras una lengua bífida se movía de un lado a otro examinándolo. La luz que llegaba de arriba le hacía brillar las escamas verdes de su lomo y su cabeza bailaba resaltando dos cuernos encima de los ojos. Su respiración era lo único que se escuchaba mientras retrocedía lentamente para alejarse lo máximo que podía, pero era imposible, porque el hoyo donde había caído era estrecho y la serpiente cubría completamente la única salida que existía. Se giró para tratar de escalar el muro de roca que lo separaba de la libertad, pero era arenoso y se deshacía cuando quería agarrarla con fuerza. A cada intento, las posibilidades de escapar se reducían, fue cuando sintió que abrazaban su pierna y supo que era el final.

– ¿Mako estás ahí? – gritó alguien desde arriba.

– Ayúdame – gimió desesperado y una riata cayó inmediatamente.

El ascenso fue difícil, pero su determinación por alejarse de esa criatura no lo dejó claudicar. Cuando llegó a la cima, sudaba tanto que los hilos de sudor descendían sin contemplación por todo su rostro.

– ¿Cómo fuiste a parar a ese lugar? – preguntó Suk que lo ayudaba a colocarse de pie.

– Pedían ayuda y luego … No lo sé, no vi el agujero – respondió con la voz entrecortada y aún temblando por lo que había sucedido.

La amenaza de una invasión tenía a todos con la piel de gallina. El gran Conquistador Cápac se acercaba a sus territorios, por lo que el Cacique había dispuesto un grupo de guerreros en todo el perímetro para proteger la ciudad del inminente ataque. De él se decía que dominaba las artes oscuras y esa era la razón por la cual ningún pueblo había podido vencerlo. La tensión se respiraba en cada esquina y Mako junto con otros, habían salido para buscar si habían pobladores afuera del cerco de protección. Por eso se encontraba en el bosque cuando desapareció de improviso mientras exploraba el lugar.

Mako permanecía cabizbajo mientras caminaban de regreso al pueblo, porque cuando alzaba la vista se mareaba, así que optó por no despegar la mirada de la ruta. El mundo había cambiado ante sus ojos, se mostraba de una forma nueva y cargada de claridad. Movía su cabeza curioso por los juegos de luces que ahora observaba, contemplaba la energía que rodeaba a las personas. Eran diferentes las unas con las otras, era como un mar de colores que viajaba de cuerpo en cuerpo envolviéndolos. De ellos, emanaban tonos verdes, amarillos, rosados y azules. Era un espectáculo interesante por no decir hermoso, pero el temor a lo desconocido no le permitía admirar la belleza que tenían ante sus ojos.

Se sentó por un segundo y luego decidió que lo mejor era irse a descansar a su hogar. Se sentía enfermo, aunque no lo estaba y se pasaba constantemente las manos sobre su cara para eliminar las ilusiones que tenían enfrente. Al deshacerse de sus ropas, encontró lo que la serpiente le había hecho. La marca había tomado un tono rojo y le enrollaba toda la pierna, inclusive podía verse la huella de dos colmillos cerca de su ingle.

“Veneno” pensó y se recostó temeroso por lo que eso significaba. Pasó sus dedos a través de su cabello ondulado y respiró profundo. Necesitaba descansar.

“Con seguridad mañana todo desaparecerá”

Los gritos de las personas y el ruido de las macanas chocando unas contra otras, lo despertó alterado y se sentó inmediatamente en la cama.

Los estaban atacando.

Salió con su arco tensado para enfrentarse a su enemigo. La luz de la Luna le mostraba incipientemente el campo de batalla. Los cuerpos de mil colores combatían con decisión para evitar que Cápac y sus guerreros destruyeran por completo lo que les había pertenecido por siglos. Disparaba aún con su visión transformada a los intrusos que expedían una energía oscura, para él era fácil diferenciarla de la de los demás que por el contrario brillaban. Después de todo, sus nuevos ojos parecían ser una ventaja en la oscuridad y si antes había sido un arquero excelente, ahora era imbatible. Podía apuntar con facilidad, pero por más que disparaba y daba en el blanco, los guerreros después de caer se levantaban para continuar atacando. Los ánimos comenzaron a decaer cuando las pérdidas mortales crecían mientras que del otro bando, parecían permanecer intactas.

Mako siguió avanzando, y en la medida que se internaba, disparando y usando su macana de vez en cuando para separar al enemigo, comenzó a darse cuenta que la energía que emanaba de sus invasores no era totalmente oscura y había un punto violeta que brillaba con intensidad a la altura del estómago. Atacó con su saeta en esa dirección y el guerrero se derrumbó en el suelo para no levantarse. Después de eso, los enemigos caían como hormigas uno tras otro, sin poder levantarse.

– Al estómago – gritó. – Ataquen en sus vientres y venceremos.

Su voz sonó potente y cargada de adrenalina. Nadie refutó y la estrategia de ataque cambió. La arremetida fue contundente y después de varios minutos el invasor tenía todas las de perder. Comenzaron a huir como ratas hacia el bosque sin haber cumplido con la orden de su líder Cápac.

Mako se sentó exhausto, las primeras luces del alba asomaban para anunciarles que habían ganado. Él contemplando lo que había pasado, reflexionaba. Aún se sentía enfermo y su alma parecía oscurecer con lo que había sucedido.

Sin decirle a nadie, se levantó en dirección del lugar donde se encontraba la serpiente. Necesitaba aclarar el asunto.

– ¿Qué me hiciste? – gritó al interior del hueco, pero nadie respondió y se llenó de soberbia.

Estaba untado de sangre de pies a cabeza y ahora lucía nuevas heridas en el torso y los brazos. Su cabello crespo le tapaba los ojos y se los removía constantemente ansioso porque solo podía ver un agujero oscuro y vacío. Se alistó para bajar y enfrentar a aquella cosa que lo había embrujado, porque ver la energía oscura de esos salvajes no podía ser otra cosa que una maldición y él no se lo merecía.

Pero cuando se dispuso a descender apareció una mujer que brillaba y Mako se detuvo y la observó detalladamente. Era hermosa de cabello liso y ojos redondos con largas pestañas, pero en lugar de piernas tenía un cuerpo largo y escamoso que él no tuvo problemas en identificar como el de la serpiente que lo había hechizado. Así que se irguió frente a ella para enfrentarla.

– ¿Qué me hiciste?

– Lo que se debía hacer para proteger a tu pueblo – contestó. La voz era suave y melodiosa.

Él alzó sus cejas sorprendido, pero inmediatamente volvió a su expresión seria.

– ¿Me has embrujado?

– Te he hecho invencible.

– No lo quiero – refutó sin pensarlo. Aún no se le iba de su cabeza la energía oscura que había percibido de los invasores, las emociones que le llegaban a su cuerpo después de eliminarlos lo embargaba con sentimientos contradictorios de venganza y satisfacción. Algo que él no quería sentir.

– ¿Estás seguro?

Mako la miró por un segundo mientras se debatía internamente. Era cierto que sin esa nueva habilidad no había logrado vencer a los hombres de Cápac, pero por otro lado se sentía enfermo; invadido por la misma oscuridad de sus invasores.

– ¿Qué es lo que siento? – esta vez había cambiado la pregunta, necesitaba entender a qué se enfrentaba.

– Percibes las almas.

– ¿Pero por qué siento tanta oscuridad?

– Porque la batalla ha terminado.

– ¿Con el tiempo se irá? … esto que siento ¿se irá?

– No.

Mako respiró profundo.

– ¿Quién eres?

– Eso que estás pensando, eso es lo que soy.

El guerrero clavó sus ojos en ella porque había escuchado leyendas sobre la serpiente con cuerpo de mujer. Para muchos era símbolo de vida, pero al mismo tiempo de muerte, además era inmortal porque cambiaba su piel y nunca envejecía. Los ancianos decían que aquella deidad se camuflaba perfectamente con el bien y el mal, por lo que muchos le temían y otros la adoraban. Él al tenerla enfrente suyo, el miedo le azotó las entrañas.

– No quiero eso que me has dado – espetó con seguridad.

La mujer sonrió mientras agitaba su cola con suavidad. Mako observó atónito que de sus poros salía una estela de humo que se mantuvo suspendida por unos segundos sobre la superficie de la tierra. Era como estar inmerso en una nube poco espesa que luego empezó a ser absorbida por la tierra. La aspiraba y mientras ocurrida se escucha el murmullo de las almas que la contenían. Cuando Mako alzó sus ojos solo encontró una serpiente con cuernos, de escamas verdes y vientre rojo que se escurría dentro del agujero con agilidad.

Regresó a su pueblo pensativo, no estaba seguro de haber hecho lo correcto, pero ya era demasiado tarde,  la conexión que se había establecido en algún momento con la diosa se había perdido para siempre.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2020. Fernanda Maradei

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