La Traición de Niku

– ¿Por qué pones esa cara?

– Me haces falta cuando no estás – murmuró.

Niku se acercó y movió con delicadeza uno de los mechones que tapaba su cara, necesitaba ver esos ojos negros como la obsidiana que hacía que su mirada fuera dulce. La besó suavemente. Kaysa puso su cabeza sobre su pecho y cerró los ojos.

Sentía su respiración pausada mientras acariciaba su cabello. Era una mujer hermosa y a veces no entendía cómo alguien como ella se había dejado seducir por una persona como él. No se consideraba feo, pero tampoco atractivo, o bueno no tanto como para que una chica de su talla llegara a amarlo.

“Sí supieras” suspiró. – Solo serán dos meses y regresaré a tu lado.

La joven no contestó, la miró y se dio cuenta de que ya se había quedado dormida. Así que comenzó a observar el paisaje a través de la ventana. Al día siguiente tenía que regresar a su tierra, cada vez era más difícil hacerlo, pero tenía un compromiso con su pueblo. Además, si lograba conseguir lo que había prometido, se convertiría en el guerrero más famoso de toda Isla Dragón, para eso había venido.

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– Siempre es bueno verte de nuevo – lo saludó Tanok con un fuerte abrazo.

– Lo mismo digo – descendía del barco y se dirigían al puerto mientras hablaban.

– Están ansiosos de saber si pudiste lograrlo.

Niku le dibujó una amplia sonrisa a su mejor amigo. De no ser por él, nunca hubiera tenido esta oportunidad para sobresalir.

– Es tan ingenia la pobre … no te preocupes, no sospecha nada y en pocos meses tendremos nuestro envase.

– Siempre fuiste un osado con las mujeres – le contestó con una carcajada.

Ambos se rieron y caminaron en dirección del pueblo de Isla Dragón.

Niku siembre había sido un joven de carácter difícil y voluntarioso. Deseaba por encima de cualquier cosa resaltar. Llegar a ser el mejor guerrero que existía. Ese era su máximo sueño.

Había heredado de su padre tres excelentes cualidades que lo hacían indispensable para el pueblo Draco. Podía comunicarse con el dragón de la familia, no todos podían hacer eso y no todas las familias tenían uno. Tenía el don del fuego que podía crear a voluntad con sus manos, y el más sorprendente de todos era el del camuflaje, es decir convertirse en cualquier persona que él quisiera y así engañar a los demás.

Con apenas dieciséis años, los guerreros de la Estirpe Draco lo invitaron a ser parte de su gran ejército, convirtiéndose en el orgullo de sus padres. Pero al pasar los meses, Niku sentía que era solo uno más en aquel montón. Aquello no era suficiente y deseaba tener más.

“No llegaré a ningún lugar si sigo así” pensaba y apretaba su boca imaginando cómo podía escalar posiciones.

En su búsqueda, el joven guerrero se unió a un grupo que le prometía ascender y lograr el éxito en corto tiempo. Niku sabía que sus cualidades eran envidiadas por muchos y por eso no se sorprendió cuando a las pocas semanas de vincularse, le asignaron una importante misión fuera de Isla Dragón.

Si lograba culminar el cometido, los Draco se convertirían en los guerreros más poderosos de todas las tierras del sur. Así que el joven ambicioso tomó la decisión de partir sin ni siquiera pestañear.

– Tráenos el envase que servirá para albergar a Maya. Cuando lo tengamos nadie podrá presentarnos batalla – le habían dicho. – Tu misión es secreta, así que tendrás que ir como espía.

Aquello le emocionaba aún más. Poder utilizar sus dones para una misión secreta y además ser espía era lo máximo para aquel joven que aún no cumplía los veinte años.

Niku hizo todo lo que le pidieron internándose en el Bosque Dorado, aquel pueblo al lado del gran lago que había convivido con ellos siglos antes. También conoció el Árbol de Fuego; el primero que los Draco habían creado con ayuda de los dragones para proteger las tierras del sur.

De tanto en tanto, regresaba a su hogar para dar reportes sobre el avance de su misión.

Así, los meses transcurrieron con lentitud y los ideales que lo impulsaron a tomar una de las misiones más importantes de la hermandad a la que pertenecía, se fueron confundiendo con un sentimiento que florecía en su corazón y que por momentos no lo dejaba pensar con claridad. Era como si aquello por lo que siempre había deseado, ya no fuera tan importante.

– ¿Cómo va todo? – le preguntó Tanok la última vez que había regresado, pero al ver la expresión contraída de Niku siguió indagando. – ¿Qué sucede?

– No estoy seguro – le respondió.

– ¿Estás dudando? – hablaba con voz gruesa y se erguía en el asiento en el que se encontraban al lado del muelle.

Tanok era temperamental, por lo que su amigo decidió callar la verdad. Él nunca entendería lo que estaba sintiendo en esos momentos, ni siquiera él mismo comprendía lo que estaba sucediendo en su interior.

– No he dicho eso – contestó rápidamente. – No me dejas terminar de hablar, lo que trato de decir …

– Esa joven es solo el medio que nos permitirá obtener el mayor poder de todos los tiempos. Deberías tenerlo claro – le recriminó. – Necesitamos que centres toda tu atención en lo que se te ordenó hacer – sus ojos brillaban de rabia.

– Lo sé – fue su respuesta y después de aquel día, Niku nunca más trató el tema con nadie.

Su vida se convirtió en un ir y venir, donde debía traer información sobre el progreso de su misión en las tierras del sur.

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El día llegó, había sido uno de los más cálidos de los últimos meses, pero aún así era hermoso. El sol brillaba intensamente en un cielo azul sin nubes, haciendo que el agua del lago brillara como si miles de estrellas reposaran sobre su superficie. Atardecía cuando Kaysa comenzó a sentir los primeros dolores y el corazón del joven Niku empezó a martillar con fuerza. Podía sentir la sangre en sus venas como un torbellino impetuoso lleno de fuerza y rebeldía. Y después de unas horas, el envase nació.

Una pequeña criatura que lloraba con soberbia al sentirse inquieta en un nuevo mundo. Tenía su mismo color de ojos y de piel.

– ¡Irradia luz! – exclamó su madre que para un guerrero del Bosque Dorado, aquello no era normal.

Pero para Niku era maravilloso porque no todos los niños del pueblo Draco nacían brillando, solo aquellos donde la energía que corría por sus venas era fuerte y pura. Así que sonrió mientras la tomaba con sus brazos para acunarla en su pecho sin dejar de mirarla. Nunca había visto una criatura tan hermosa como ella en toda su vida.

­            – Qori – murmuró.

– ¿Qori? – repitió Kaysa.

– Si, mira como brilla igual que el oro – respondió y le dio un beso suave en la frente, temía que si lo hacia con fuerza le haría daño. Era tan frágil, que la postura que Niku asumía mientras la alzaba era rígida para evitar que se le cayera.

La pequeña abrió sus ojos y lo miró fijamente. Una sensación que le oprimía el pecho se manifestó en él, era un sentimiento nuevo que sobrepasaba con creces cualquier que hubiera tenido antes. Aquel ser inocente era su hija y su responsabilidad.

Qori bostezó con pereza, dejando ver una pequeña boca sin dientes y Niku suspiró, sabía que el lazo de unión que se había creado era tan fuerte que nunca podrían romperlo. 

En ese momento juró que mantendría el secreto de su existencia y la protegería para siempre. Nadie en Isla Dragón o en el Bosque Dorado podrían hacerle daño.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2020. Fernanda Maradei

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