Luna Roja

En el momento en que la daga atravesó el pecho del Rey, el cielo se llenó de nubes espesas que oscurecieron el campo de batalla. Ya no había vuelta atrás, nadie imaginó que los tiempos venideros serían diferentes. Ninguno podría detener lo que había comenzado esa noche. Las fuerzas que habían sido contenidas en la tierra por siglos emergieron sin previo aviso y los culpables de su muerte, por primera vez, creyeron que se habían equivocado.

– Límpiala – le ordenó al viejo sacerdote que tenía al lado, pasándole el arma manchada de sangre.

– ¿Qué sucederá ahora? Aún no sabemos dónde está.

– Ayúdame a recostarlo sobre el muro – no le había contestado, su respiración estaba tan agitada como la de él.

El estruendo que había salido de la tierra, todavía podía escucharse, así que no debían quedarse más tiempo del necesario. Trabajaban con rapidez, el sucesor debía ser nombrado con la próxima luna roja, por lo que aún tenían muchas cosas que arreglar.

– ¿Quiénes son ustedes y qué hacen ahí? – la voz gruesa de un soldado terminó de desplomar el poco valor que aún les quedaba.

Se dieron la vuelta con la expresión contraída y el joven pudo ver lo que estaba detrás de los dos ancianos. Primero se irguió por el asombro conteniendo la respiración, pero se repuso rápidamente y empuñó el pomo de su espada.

– Detente – uno de los sacerdotes alzaba el brazo en un afán de protegerse.

– Lo que han hecho merece la muerte – repuso sin titubear.

– No lo entiendes, él debía morir para que el mundo continuara – el otro viejo intentaba colocarse de pie.

– Era el rey – le dijo con severidad. El guerrero no entendía por qué su señor se encontraba sin su escolta en medio de los bosques que limitaban con el castillo.

– Era un demonio … su lealtad estaba con la oscuridad.

– No te atrevas a levantarte – gritó el guerrero y colocó su espada en la garganta de su víctima. – ¿Cómo osan blasfemar de esa forma frente al cuerpo de nuestro soberano?

El suelo se calentaba y de él se desprendía una estela de humo que montaba lentamente. El más anciano de los dos retiró su mano sorprendido e intentó que el joven entrara en razón.

– Ayúdanos … No queda mucho tiempo – imploró con desespero.

El chico también veía los gases subir, y dio un paso hacia atrás, indeciso.

– Necesitamos terminar el ritual y …

– ¡BRUJOS! – el movimiento fue preciso, dando muerte a uno de los culpables del asesinato de su señor.

– ¿Pero qué has hecho? Estás condenado muchacho. Te maldigo a vagar por el mundo hasta encontrarla o de lo contrario, el mundo perecerá en la próxima luna roja …

Su voz también había sido silenciada.

– Malditos servidores de la oscuridad – escupió al piso y limpió el filo de su espada con sus ropas.

Los demás habían llegado al escuchar los gritos despavoridos de los sacerdotes antes de su muerte y contemplaron la escena sin intervenir. Sin embargo, la maldición profesada segundos antes mantenía a todos con la respiración contenida. Ya no era solamente el cielo ennegrecido, era también el aroma a muerte que se diluía por todo el valle unido a una sensación de desazón.

El día terminó y aunque el viejo rey Trion fue enterrado con los honores que le correspondía, el temor hizo que muchos decidieran darle sepultura allí mismo, en medio del bosque. Ninguno se atrevió a regresar con él al castillo.

El tiempo transcurrió y la atmósfera seguía viciada según profesaban los hombres que ahora dirigían la ciudad. Los mensajeros decían que en las inmediaciones donde reposaba la tumba del rey, aún se mantenía la estela oscura de neblina suspendida en el aire, era tan espesa que no dejaba ver la tierra. También, que fuera lo que fuera que estuviera reposando en el bosque, ahora se expandía como una enfermedad y pronto llegaría hasta ellos.

– ¿A dónde irás Bjorn? – el capitán se había acercado para despedirse.

– Debo encontrarla.

– Nadie sabe a dónde se la llevó la reina.

– Encontré una pista.

– Eso dijiste la última vez.

– Las runas del templo aseguran que…

– Eso también lo dijiste la última vez.

Bjorn frunció el entrecejo.

– Esta vez la luna roja se acerca, solo faltan unas semanas.

– Es cierto.

– Debo intentarlo o esa cosa terminará invadiéndonos. Has visto cómo está cambiando la tierra, sino hacemos algo pronto … – calló por un minuto y miró hacia el horizonte. – Esto es mi culpa, no los dejé terminar su maldito ritual. – sin dejar que su superior respondiera, se subió de un brinco al caballo.

– Espero que esta vez tengas razón.

– Yo también.

– Toma – el capitán alargó su mano para entregarle un saco púrpura. Bjorn lo miró sin comprender. – Es la corona … por si la encuentras.

– La ceremonia … yo no soy quién debe …

– Si la encuentras debes llevarla hasta la tumba. Parece que todo se resuelve solo.

Bjorn entrecerró sus ojos un poco.

– ¿Ahora escuchas a las brujas?

El viejo sonrió débilmente. No confiaba en ellas, pero eran tiempos difíciles y necesitaba aferrarse a cualquier cosa.

– Haz lo que debas hacer para que esto se detenga.

– Lo haré – le respondió el guerrero y azuzó a la bestia para emprender el viaje.

……

El encuentro había sido inesperado. Antes de llegar al lugar donde se suponía estaba escondida la princesa, tropezó con una joven de pies descalzos y cabello suelto que recogía fresas al lado del camino. Inclusive, sin querer, le había tumbado el canasto y todo el contenido había caído al suelo. El sitio era hermoso, de árboles frondosos y tapetes de flores que recorrían todo el valle. Hacía mucho que Bjorn no se encontraba en un lugar con tanta luminosidad.

– ¿A quién busca?

El guerrero no estaba acostumbrado a escuchar una voz tan suave y melodiosa como esa. De no ser porque no veía ningunas alas en la espalda de la muchacha, la hubiera confundido con una hada.

– Es un asunto del rey.

– El rey está muerto – dijo con sequedad.

Bjorn pasó saliva, pero al mismo tiempo se irguió como de costumbre cuando se trataban temas del estado.

– ¿Sabes dónde está el castillo celeste?

– Lo sé.

– ¿Y bien? – dijo molesto, no le gustaba la altivez con la que respondía aquella campesina.

La joven había señalado un pequeño punto en el horizonte, y él, dada la premura, ni siquiera se había despedido para continuar cabalgando en esa dirección. Fue hasta la noche que se dio cuenta de su imprudencia, cuando la misma joven descalza y de ropas humildes, lo invitaba a comer en uno de los balcones. De no ser por la servidumbre, nunca hubiera sabido que era ella.

– ¿Nadie me dijo que la reina había muerto?

– Nadie me dijo que mi padre había muerto – respondió Tyra con voz suave.

– ¿Pero dijiste …?

– Qué otra razón tendría la corte para venir a buscarme – respondió y tomó un poco de vino de la copa que tenía en sus manos.

Bjorn bajó la cabeza, no era capaz de mantener la mirada. Tyra irradiaba una fuerza que lo hacía sentir muy pequeño.

– Tu padre fue un gran hombre – susurró.

– Mi padre quiso matarme cuando supo que era diferente a él.

Bjorn alzó una ceja.

>> ¿No lo sabes? – preguntó extrañada y él se encogió de hombros. – ¿Qué te han dicho?

– Tu madre abandonó al rey cuando apenas eras una chiquilla, parece que no se llevaban bien.

– ¿Solo eso?

Él volvió a levantar una de sus cejas.

– ¿Por qué has venido? ¿Qué quieren de mí? – ahora estaba intrigada. Se levantó para alejarse del guerrero mientras lo escuchaba dándole la espalda.

Le narró lo que había sucedido. La insistencia del rey Trion de eliminar toda la horda de sacerdotes de una vez por todas. Los acusaba de conspirar contra él y lamentablemente, tenía razón porque lo habían asesinado. También le contó que el territorio comenzaba a sucumbir ante una nueva forma de vida que se manifestaba y debían arrancarla de raíz. Pero todo había salido mal y los sacerdotes habían asesinado al rey argumentando que adoraba al demonio. Lo cierto es que, después de ese día, la tierra no era la misma y ahora el bosque se mantenía en la oscuridad.

>> ¿Qué quieren de mí? – repitió.

Bjorn le mostró el saco púrpura que llevaba consigo y lo colocó sobre la mesa. La princesa caminó hasta él y lo abrió. Sonrió cuando descubrió la enorme corona de su padre que brillaba con los reflejos de luz que entraban por la ventana.

– Es tu corona mi reina – dijo el guerrero solemnemente y se arrodilló frente a ella.

Ella se rio mientras jugaba con la joya en su mano.

– No entiendes lo que va suceder ¿verdad? – le susurró con la misma voz dulce.

– Me dijeron que sí …

– No te preocupes, mi padre estaba empeñado en que fuera su logro por eso guardó muy bien el secreto de mi ubicación.

Tyra se colocó la corona en la cabeza, sosteniéndola para que no siguiera de largo y terminara en su cuello.

– Ahora soy tu reina – le dijo.

Él bajó su cabeza totalmente.

– Aquí no puede ser mi señora – murmuró apenado. – Debemos hacerlo frente a la tumba de su padre.

– ¡Ah! … yo si decía que no había sentido nada raro – se burló.

……

Emprendieron el viaje hasta el lugar donde descansaba el rey Trion. Bjorn estaba satisfecho porque esa noche habría luna llena y según sus cálculos, sería roja.

En la medida en que se acercaban, la tierra era diferente. Los pueblos que la habitaban, también habían cambiado y Bjorn no podía disimular el fastidio que eso le daba. Sin embargo, la princesa escuchaba y observaba con atención, pensativa. Solo hasta cuando llegaron al bosque y Tyra vio la neblina negra que reposaba en el suelo, la expresión en su rostro se contrajo y descendió inmediatamente del caballo.

– No hemos llegado – le dijo en un afán de detenerla. El sol poniente le indicaba que pronto llegaría la noche, pero la joven no le hizo caso.

Tyra tocaba suavemente las tumbas que yacían erguidas en medio de la arboleda, como recuerdo de aquel día nefasto en el que su padre había muerto. Cuando vio uno de los árboles que habían sido quemados, corrió hacia él y una lágrima mojó su mejilla. Bjorn al verla, se acercó para consolarla.

>> Fue un día horrible – le dijo aún con tristeza en su voz al recordar a sus compañeros caídos. Después de dar muerte a los asesinos, Bjorn y los demás guerreros habían encontrado la escolta del rey en el suelo. La magia negra era la única respuesta para que los sacerdotes hubieran eliminado a todos.

– Es verdad, fue un día horrible – le contestó secándose la lágrima con el dorso de su mano. – ¿Cómo pudieron hacer esto?

– Los sacerdotes lo atacaron cuando regresábamos al castillo. Se habían aliado con nuestros enemigos y …

– Destruyeron todo … ustedes y los demás son iguales.

– Vencimos mi reina.

Ella lo miró llena de rabia.

– ¿Te parece que vencieron?

Bjorn observó su alrededor en silencio.

>> Todos perdieron ¿No te das cuenta? – se quitó los zapatos y abrazó el piso con sus pies descalzos. Cogió el saco donde llevaban la corona y lo asió con fuerza – ¿Dónde está la tumba? – le dijo y giró sobre su talones para encaminarse a buscar a su padre.

El joven la seguía con dificultad, indicándole el camino correcto hasta que llegaron a un pequeño montículo donde habían colocado una cruz decorada con zafiros y otras piedras preciosas.

– Nunca lo entendiste – ahora la futura reina hablaba pasando sus dedos sobre el nombre de su padre. – Te negaste a sentirlo, aunque mi don solo pudo haber venido de ti.

La tierra se calentó y de ella aparecieron estelas de humo que subían perezosamente. Bjorn se asustó y retrocedió un paso.

– ¿Eres una bruja?

– Solo es la tierra, está enojada … Lleva siglos sin ser escuchada. Si quisieras, también podrías sentirla – murmuró mientras se mantenía arrodillada. – Está furiosa – continuó. – ¿Cómo pudieron destruirla así? ¿Cómo pudieron quemar sus árboles, matar sus animales, destruir sus ríos?

– La tierra – balbuceó Bjorn sin comprender.

– Mi padre y yo escuchábamos las voces de diferentes dioses – le explicó. Sacó la corona para contemplarla y la neblina retrocedió frente al brillo que ahora expedía la muchacha.

Esta vez el soldado enmudeció, mientras veía absorto que decenas de figuras se formaban con los gases que emanaban de la tierra. Se acercaban a ellos y Bjorn empuñó su espada con fuerza.

>> No te harán daño – le dijo mirándolo a los ojos. – Están aquí para ayudar.

– No lo entiendo.

– Es difícil entenderlo, los humanos solo ven lo bueno o lo malo de las cosas. El universo existe gracias al equilibrio entre fuerzas complementarias; la noche y el día, el frío y el calor, el amor y el odio, todo hace parte de lo mismo. Mi padre no lo entendía así, pensaba que la maldad oscura destruiría lo bueno y se obsesionó con acabarla, pero lo único que hizo fue fortalecerla. Mi madre huyó conmigo el día que él descubrió mi verdadera esencia.

De repente, de la espalda de Tyra emergieron dos alas que se sacudían armoniosamente.

– ¡Eres un hada!

– O un demonio – susurró. – Al menos él pensaba eso.

– El rey – dijo débilmente. – Dijiste que tu don venía de él.

– Mi padre podía escuchar a la naturaleza de la misma forma como yo lo hago en este momento. Solo que el mensaje era traducido diferente. Al final, él mismo fue el que se destruyó.

La luna llena se asomaba ya en la bóveda celeste y los seres etéreos le murmuraron algo al oído.

– Pronto llegará la luna roja – comentó y las figuras se colocaron a su lado, reverenciándola solemnemente. Bjorn retrocedió asustado.

>>No te lastimarán – le dijo.

 Tomaron la corona para colocarla en la cabeza de su dueña y Tyra se irguió conteniendo la respiración por un momento.

>> Mi legado, ha comenzado – exclamó solemnemente mientras que con la otra mano sostenía la corona para que se mantuviera en su puesto.

Las nubes del cielo se retiraron obedeciéndola, los rayos rojos entraron para limpiar toda la podredumbre que los hombres habían hecho. La joven se levantó del suelo ahora convertida en reina, desplegando sus alas. Nunca más volvería a ocultarlas. La reina hada ahora, cambiaría el mundo.

Todos los derechos reservados. Obra protegida por derechos de autor. 2021. Fernanda Maradei

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